Gabriel es un hombre bueno, fuerte, noble, servicial, reservado, y que alguna vez alguien lastimó.
Caminó conmigo 21 km el sábado cargándome el bolso para que yo estuviera más cómoda, me preguntó mil veces si me sentía bien y si necesitaba algo. Yo le gusto y lo chineo, aunque le parezco una intensa (como en efecto lo soy), una muy determinada.
No me importa si no pasa nada entre él y yo, pero a mí me gusta como hace muchos años no me gustaba alguien. Me gusta por fuera, pero aún más como persona. Gabri me alegra el día cuando lo veo solo porque sonríe bonito.
Si Gabriel me rompe será problema suyo, lloraré un rato y él perderá; pero yo lo voy a dejar intocable, como cuando uno encuentra un tesoro y decide cuidarlo de todo. Así.
Gabriel es como la escarcha en mis uñas cuando me hago manicure, no lo necesito, está bien si no está pero hace que todo brille más.
Una vez vos me dijiste que nunca íbamos a hablar de tu familia nuclear, y yo lo respeté porque además tampoco quería mencionar eso ni en mis sueños. De esa misma forma no vamos a hablar de él, es intocable.
Gabriel es, para mí, como el francés limón del que habla Enanitos Verdes.
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