Supongo que son los años y los meses que pasan, julio que cada vez se siente más cerca, y me pongo reflexiva.
Durante mucho tiempo esas reflexiones se enfrascaban en lo que sentía que me faltaba: tengo tantos años y no tengo un marido, estoy sola, blablablá.
Pero a estas alturas de mi vida podría asegurar que estoy en el mejor momento. Sigo sin tener un marido, es verdad, pero me he divertido también.
He viajado mucho, sola, en pareja, en familia, con amigas. He estado en lugares que jamás imaginé.
En ese viaje a Chile en que te dejé de hablar y que vos me dijiste que te había dolido, me la pasé increíble. Salí de fiesta y bailé Danny Ocean, caminé por todo Valpo y Viña, fui a Isla Negra, comí espectacular porque en Chile se come delicioso (según mis gustos), en fin.
Igual cuando fui a Colombia, y así sucesivamente. He conocido personas maravillosas, unas siguen en mi vida, otras no.
He cometido muchos errores pero también he hecho un montón de cosas bien. Me gusta mi propia compañía, disfruto demasiado de ir a la playa sola a pasar el día, de ir al gimnasio, o de salir a cenar conmigo misma al Tin Jo.
Nunca me fijé demasiado en esto porque estaba tan ocupada sintiéndome sola y miserable que no me daba cuenta de que la felicidad estaba al frente de mis ojos, en el abrazo y salud de mis padres, en los paseos con mi perro y en esta recién estrenada etapa de mi vida como tía de los bebés de mis 2 primos más cercanos.
Tengo 34 años, soy una mujer delgada y fuerte, he estudiado cuanto he querido, estoy a punto de construir sola la casa de mis sueños, tengo un trabajo que me gusta y que disfruto, tengo amigas de toda la vida, un sobrinito que amo con todo mi ser y que se apropió de mi carrito de la Librería Internacional.
Estoy sola, la persona que creí haber elegido para compartir mi vida se fue con otra, fui la amante de alguien durante años y a pesar de lo que siento ni siquiera puedo ser su amiga.
Pero también he amado mucho, con la más absoluta intensidad porque no conozco otro modo que no sea el de entregarme por completo cuando quiero algo o alguien. Conmigo siempre es todo o nada.
Me conozco de verdad, me gusta lo que veo en el espejo. Hago balance de mi vida ahora y puedo afirmar que este es mi mejor punto, mi edad dorada.
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